Carta a mi futuro hijo (X)
El amor, no sé si ya te lo había dicho antes, es el centro, el sustento y el origen de todo el universo, aunque se le nombre, se le pinte, se le vista, cante, baile y llore de diferentes maneras. Es el tema universal, junto a la muerte y el dolor de todo arte y una de las pocas cosas comunes a todos los seres humanos, además de las enfermedades y el paso ineludible del tiempo. Vas a sufrir, sábelo bien, y ten presente que es importante y necesario. No temas. Nunca voy a tratar de evitarte los dolores y sufrimientos necesarios: Para que seas un ser humano cabal y cuerdo necesitas sufrir y superar esas crisis, pequeño. Las heridas no son lo importante sino las cicatrices que luego nos quedan como vívido recuerdo de lo sucedido y certificado de la lección aprendida… garantía, en ocasiones, de no volver a fallar de igual manera. Sólo hay tres formas innegables de saber que estamos vivos muchacho: Equivocarnos, perder y adolorarnos: Esto último puede ser hasta mero invento nuestro, mera reacción mental, que es el dolor más dañino… Sufrirás por amor, pero tranquilo, no te preocupes, no serás el primero ni el último y, aunque pienses y sientas –por tanto- que no puedes más y que vas a morir incluso; más temprano que tarde vas a ver pasar el cadáver de ese amor que te haya hecho sufrir, sin inmutarte. Perdona: Es lo más valiente y gallardo que puedas hacer. Al gran nivelador no se le escapa nada: A la hora de morir todos tenemos oportunidad de revaluar, forzosamente, lo transcurrido desde que fuimos conscientes pero ¡NO ESPERES! Aprovecha cada uno de tus días para deshacerte de lo innecesario en insano que puedas ir encontrando en tu camino. Deja, además, en manos de quien corresponda, sus culpas, sus errores y sus taras: No son tu responsabilidad. Hazte cargo sólo de las tuyas y arréalas sólo el tiempo suficiente para deshacerte de ellas: Aligera tu carga muchacho… aunque no es fácil hacerlo, te advierto, hay lazos difíciles y dolorosos de desatar. ¡Rompe la costumbre! Muchos de estos lazos son los que suelen confundirse con el amor.
La indiferencia es la verdadera muerte del amor, su negación absoluta, no el odio, tenlo siempre presente. Este sólo es su otra cara, un aspecto diferente y contradictorio más allá de una frágil línea de trazos tortuosos y en ocasiones interrumpidos. Tampoco es el matrimonio el que acaba con el matrimonio: ¡No seas tan tontín para creer eso¡ es sólo la monotonía, el acostumbramiento, la mezquindad y falta de creatividad. Ama, ama con todas tus fuerzas y todo tu ser, desde los tuétanos mismos de los huesos hasta el rubor incontrolable en la cima del éxtasis: Gózalo, súfrelo, y ve construyendo paso a paso, tropiezo a tropiezo, tu forma de amar. Justa, auténtica, sencilla. Natural.
Nada, absolutamente nada, es más importante que tu salud, tu bienestar y tu felicidad, ni siquiera el amor. Precisamente, por tu amor propio, si un amor te daña, si te coarta, déjalo pasar. No dependas: Este puede ser tu mayor error pequeñín. Si un amor no te permite crecer… déjalo antes que te disminuya: No es bueno, tampoco, mantener por mucho el saldo en ceros. Sabe y recuerda siempre. Siempre: El amor no tiene nada que ver con el sexo, pero el sexo tiene todo que ver con el amor, si se quiere, y, querámoslo o no, el sexo mismo puede ser nuestra redención o nuestra perdición: Sábelo vivir entonces.
Eres un animal sexuado. Tu órgano sexual más poderoso, engañero y vital es tu cerebro. Así como piensas sientes muchacho: Piénsalo bien y sonreirás, de terror o diversión, al constatarlo. Recuerda que te conté que en él radica nuestra diferencia… Sé sexual y disfrútalo. Eso mismo es vivir, aunque diversas filosofías y religiosidades nos traten de decir lo contrario o nos distorsionen esa virtud medianamente conocida y frecuentemente incomprendida y, por tanto, frecuentemente hecha una maldición. Ser sexuados, querido hijo, debería ser nuestro mayor orgullo y no un vergonzoso tabú, una mercancía, una molestia. Un problema.
La fuerza sexual es superior a todas las fuerzas del universo, exceptuando la del amor; siendo expansivo el carácter de la primera, incluso en las mujeres, desintegrador por naturaleza, insaciable e irascible, mientras la segunda cohesiona, aúna, integra… sobreviviéndonos en la trascendencia de sus fines y sus acciones, en ocasiones heroicas, para coronarse.
Te amo y amo a tu madre, pero son amores distintos y complementarios siempre. Ya irás aprendiendo la diferencia y complementariedad.
Ama, ama mientras, has sido creado sólo para eso muchachín.
Iniciarás amando una voz y una sonrisa, unas caricias y hasta un llanto… irás amando luego unos pezones y un pelo largo y aromado y amarás, de pronto, una mano torpe y fuerte, un dedo que abrazas desde el principio con tu manita delicada y velludita tratando de llevártela a la boca. Luego, amarás sus silencios y las cosquillas que te hacen sus barbas escasas y malcriadas y unos cantos ancestrales e incomprensibles que hoy entonas a todo pulmón al compás de la percusión de tus manos sobre tu propio pecho…