
A Johanna, amiga.
Araucano.
Para nacer has nacido… como el sol, el viento y el amor, como los versos y los besos… desde el fondo de ti y de nosotros; en las tierras australes de esta América tuya que hiciste nuestra, en Taltal, una pluma entre las alas de tu albatros del alma, el lejano Chile marino, volcánico y ferroviario: La patria que tiene tu apellido, la que re-creaste y nombraste en tus versos. La hija de tu canto: tu estrella solitaria en el firmamento azulino.
No conozco tu figura alta, desgarbada y taciturna de poeta joven; tampoco tu cabeza que se hizo calva con los años, tus pómulos cansados de trotamundo irredento ni tu nariz prominente. Conozco sólo tus versos poeta, tristes como tus ojos chicos, profundos, silentes y distantes a veces como tus pasos – pasos que hoy guían otros pasos, a lo lejos, entre los vivos y también posmuertos -, otras veces marcados, pacientes, rítmicos, vibrantes, telúricos, sensuales, místicos y radiantes… festivos, magros y límpidos como tu sonrisa… Universales como tu nombre: Pablo.
Son como de madera tus versos, Neftalí Ricardo, de todas las maderas posibles… Así debías ser tu hace cien años, en mitad de las lluvias inmarcesibles y el cielo encapotado coronando la vegetación exuberante y los andes imponentes bordeados por el inmenso pacífico que te vio fenecer en tu isla negra.
Así debías ser.
Te fuiste labrando a pulso, golpe tras golpe, sensiblemente, con hacha y machete, pluma, tinta, lápiz, papel, fuego, compás, poesía, escuadra, botellones, barcos, conchas y punzón: Lo fuiste creando todo en tu arucanía, taltaleño.
Eras de madera, Pablo:
Semilla fecundísima, plántula nutritiva, árbol frondoso, eterno foliolo, corazón inmensurable, corteza redentora, savia procreadora, fruto divino, raíz terrena, terrígena. Sigues siendo de madera – como tus sonetos – Neruda.
Tú lo haz nombrado todo:
Al maíz, la encina, las uvas, el colibrí, el opio, el vino, la lavandera nocturna, el dolor, la niña morena y ágil, la felicidad, los versos mas tristes, los años, el hondero entusiasta, los astros y el viento, el viento que galopa – como los potros – sobre la playa…
Has cantado todo, también: A un niño que desde el fondo de ti, nos mira, a Matilde tu amada, tu mujer, tu compañera, tu amiga; también a mi amada -… me gustas cuando callas, le dije -, a Temuco, a O´Higgins, mi Colombia esmeraldina, Stalingrado, Macchu Picchu, el Tequendama, el Biobio, a Bolívar, a San Martín, al general Franco - en su infierno -, a Tupác Amarú, a tu España, a tu amigo Vallejo y a Alberti, a Lorca, a Huidobro, a Carranza, a Maiakovski, a Picasso – es una raza, dijiste – , a Whitman… y los laureados del setenta y uno.
A ti te dijo Rojas: Esta es Colombia, Pablo.
Todo tiene tu nombre – el nombre del secretario de los enamorados, como dice tu amigo Bolodia – : Desde Colombo hasta las gotera de Santiago, de la vibratoria Caracas a Paris o La Habana a Rangoon, todo tiene tu nombre incrustado en su nombre - como al amor los amantes -.
Los colores, los olores, los sabores, las texturas, el amor todo lo has cantado. Todo.
Nombraste hasta tu muerte, maestro, esa presencia invisible y acechante. Natural.
Te fuiste…
Tu presencia invisible no es la de un muerto – aunque moriste de muerte patria doce días mas tarde que tu amigo Allende -. No, no.Tu presencia es un milagro – como lo dijo Cortázar – una vibración, un trino, un raciocinio, un sonido tenue, un eco, un silencio, una luz, un espacio, un recorrido…
Poesía.
Aquello que encontraron las fuerzas golpistas en tu última residencia, el arma mas peligrosa: Cantos poéticos y los más, enamorados, historias de calle, de viajes, de vidas… aire, universo, confín, sangre, sudor, lágrimas, átomo, palabra, ritmo, rima, fuego, flor, tierra, hambre, sed, cópulas, sueños, muerte… amor, vida…
Poesía.
Amigo Pablo, por tus versos libertarios…
AÚNQUE NO HALLA POETAS,
la poesía no habrá cantado en vano.