Aquí estábamos ese día que tocó mandarte a traer a este mundo. La luna, redonda, chiquití chiquitica, morení morenita, se desgajaba hasta los tejados cercanos y sobre mi rostro cansado, como una canción de cuna: Sosegante, pulcra. Bella. Siempre me ha acompañado y seguro lo hará contigo. Cuando no me iba bien con las chicas, que no han sido pocas veces, me refugiaba en ella y en esos días decía a boca llena que era la mejor novia: Nada de cantaleta, nada de celos y siempre que uno la quería ella estaba ahí y la mayoría de las veces sin decir nada, escuchando. Naciste un día de luna llena y nubes saltonas, poco después de que el Junior perdiera por enésima vez, quizá estabas esperando a ver si al fin ganaba y te recibían con el alboroto reprimido. Al fondo, sobre los mismos tejados donde la luna jugaba, se oían los bocinazos estridentes de la avenida más cercana, el ronquido de los autos, la lengua de fuego del alumbrado público escalando por las paredes sucias y la bocanada de smock que la ciudad expide a diario como el vaho de una enorme serpiente.Desde entonces eres mi todo, pequeño.Si algo debes tener siempre presente es que somos el resultado de la toma de decisiones. Esa es nuestra ineludible condena: Ser libres de decidir.Algunas, muchas quizá, de estas decisiones nos pueden cambiar por completo e incluso al mundo entero, como la decisión estúpida de ir a la guerra, por la razón que sea, sobre todo a una guerra santa, pretender imponer una raza supuestamente superior o un totalitarismo amparado en partidismos o nacionalismos insensatos y, peor aún, paralizarse con la fascinación de la compincharía o la del miedo, que es peor, y propiciar la burla y la humillación de una persona, una comunidad, un pueblo o la humanidad entera.Cada una de nuestras acciones repercute en el resto del universo, no sé si lamentablemente. Decidir no es fácil, es de valientes, es un compromiso, un acto racional. No temas decidir hijo, pero evita siempre, por lo que más quieras, ir al combate: ¡Déjalos! Esto no te hará, nunca, menos macho ni menos hombre que ninguno. Cede. Para vencer en este mundo es imprescindible la adaptabilidad: Este es el corazón mismo del concepto de evolución y del concepto de éxito vital. Todo cuanto es rígido se rompe. Sede siempre, conservando tu dignidad claro, sin dejarte deformar y destruirte. Vencerás. No permitas dañarte ni modificar lo más importante, íntimo, personal y propio de ti. Respétate y hazte respetar. Eres tú dueño pequeñín y si no quieres nadie te podrá dañar como persona. Defiéndete serenamente. No levantes la voz, eso no implica que la tuya sea la verdad más pertinente, precisa o adecuada, porque no hay ninguna universal desde nuestro querido Einstein. Fíjate una meta y alcánzala sin escatimar esfuerzos, sólo recuerda que tu libertad, que no es hacer lo que te dé la gana, termina donde comienza la nuestra, la de los demás. Decide con alegría y serenidad, de lo contrario deja pasar un poco el momento: No imaginas las barbaridades que se han hecho por actuar llenos de rabia, y las estupideces también. Sé precavido, cauteloso, y procura siempre apuntar al punto más alto, manteniendo un buen panorama de lo que lo rodea, para medir los riegos de no atinarle y tomar decisiones al respecto.Decide amar chicuelo, que no es querer, poseer, sino dar y darse, no exigir. Siempre sé tú, aunque puedas llegar a ser uno con ella. No deben anularse, sólo complementarse; no van a ser dos medias personas que se añaden para formar una, son dos amantes completos e íntegros, sanos en todo sentido, que se donan sin egoísmo, construyendo un nuevo ser, una nueva unidad llamada nosotros, que los confluye sin negar su propia particularidad. Sé que es difícil este amor y que ni siquiera yo lo he logrado hasta ahora, pero en eso andamos, no decidas por favor por el amor de la tele, es lamentable, ni siquiera es amor… Decide perdonar, que no es olvidar y olvidar no es no recordar. Es… dejar que las cosas vayan y vengan sin hacernos mal, mucho menos bien.¿Habrá temor? Claro mijo. ¡Decide vivir! Temer nos informa que estamos vivos, eludirlo es resignarnos a morirnos en vida, enfrentarlo es disfrutar del placer e incluso lo trágico del vivir, aprendiendo siempre.El temor es nuestra negativa a repetir una situación que ha dejado una profunda marca negativa en nosotros: No aprendimos, no olvidamos, no perdonamos. Lo importante no son las heridas pequeñín, sino las cicatrices logradas al sanar satisfactoriamente y que nos permiten saber que vencimos, que nos protegen ante otras agresiones similares y nos recuerdan que hemos vivido y hemos salido a delante con pasión y con entrega, aunque duela.El cambio duele, claro, y vivir es cambiar. Jamás compares, comparar hiere. ¡No seas tonto! Todos somos distintos, tenemos talentos y vicios diferentes y no tiene sentido causar heridas innecesarias por meros prejuicios.Decidir vivir es más difícil que decidir morirse, muchacho. Vivir no es estar vivo, precisamente, y morir no es dejar de vivir sino cómo existes. No permitas que nada te paralice. Cambia siempre, evoluciona: ¡Ejercítate! El universo más complejo que existe es tu cerebro. Explóralo. Todo lo que hagas y tengas depende de tu relación con él. Si un amor te estanca no sirve. Si un amor te libera, vívelo. Nunca dejes de ser tú mismo para amar a alguien. Si es así no te aman a ti y tú mismo no te estás amando. Concesiones las hay, como en todo negocio, todo intercambio. Es preferible, muchas veces, estar solo, y ten en cuenta que la soledad no es mala, para nada, con ella te conoces y templas el espíritu, como al hierro en la fragua. Es una gran amiga y compañera y, muchas veces, da buenos consejos. Date siempre un tiempo para ti y recuerda que aunque estés acompañado puedes estar realmente solo y no estar acompañado no siempre es estar solitario.Decide lo que quieras. Haz lo que te dé la gana cuando quieras, pero con respeto y responsabilidad siempre.Un acto responsable, es más, un acto en sí es siempre responsable por ser racional y si es racional es libre y si es libre es comprometido y para eso necesitas conocer la situación: Nunca hay menos de dos opciones, vélo sabiendo. ¡Elige! Pero asume las consecuencias muchachito.No siempre es divertido, pero siempre es interesante.
RECUERDO XXIII
A mis paisanos guamaleros.
Éramos, entonces,
- hace hoy cuantos años? -
canillas flacas, sucias,
frágiles, pies descalzos,
dorso desnudo, complacido
(Dura corteza, corazón almendrado)
fútbol, rayuela, canicas
anzuelo, cometa y cacería:
lección al pie de la hortaliza.
(Pulpa pastosa, dulce, aromada!)
Dátil exótico, omnipresente,
territorio aventurero
cómplice, prohibido
chicle nativo
carburante presto
nombre sonoro, entrañable,
compañero:
- Te recuerdo, ahora,
aunque no seamos ya
los de entonces: Nostalgia –
Tamaca.
Carta a mi futuro hijo (VI)
Barranquilla pequeño, querámoslo o no, y aúnque nos duela, es un playón. Ya te vas a ir dando cuenta, año tras año, cada que llueve torrencialmente: el arroyo más impresionante y peligroso de todos es el de la calle ochenta y cuatro, aúnque el don Juan, que la separa de la vecina Soledad, el Salao y el del Country también son temibles: Es en esos momentos, a veces cortos, fulminantes como un rayo, a veces largos, tediosos, anquilosantes, cuando los chóferes se van convenciendo de que es necesario y prudente detener los vehículos y las lenguas finas del agua se deslizan por los tejados, las paredes y los cuerpos, enmoheciendo las coyunturas de los sueños, pudriendo las raices de los pensamientos, cuando la ciudad se mece cubierta de una película oscura y sinuosa, engullida y luego regurgitada desde lo más profundo de sus caños pestilentes y arroyos tempestuosos, pero eso no le gusta mucho oírmelo decir a tus paisanos, desconociendo que, por eso mismo, fue sacada de la nada, como una mula malcriada y orgullosa, en las llamadas Barrancas de San Nicolás en la margen occidental del río Magdalena, cerca de su desembocadura en Bocas de Ceniza. No vayas a pensar que te equivocaste de ciudad si un día de estos te levantas y al abrir la puerta de casa ya no encuentras el pavimento ardiente de los encuentros de bola e trapo o chequita, sino un reguero de agua fangosa y pútrida plagada de desperdicios y vecinos imprudentes desafiando su fuerza… ¡Cuidado! Las perdidas materiales y humanas han sido incontables y no paran nunca: La única ciudad del mundo que tiene la señal de transito de arroyo peligroso, pequeño, es Barranquilla.
Carta a mi futuro hijo (V)
Va a nacer, me dijo una voz presurosa desde el otro lado del teléfono, como si me descubriera el mundo o si me revelara un secreto. Sonreí. Ya lo presentía, ya te presentía, como cuando murió papá Juan, tu tatarabuelo materno, el que tocaba su redoblante en un extremo de la ciénaga, por Murillo y tu tatarabuela le reconocía el toque sentada en Mari Antonia, pastoreándose el calor espeso con un abanico de palma amarga, ese es Juan, decía fumándose un eterno cigarro que sólo han podido quitarle a regañadientes sus descendientes médicos de la tercera generación, pero no han podido con la terquedad y el conservatismo que lleva grabados en los tuétanos. No sé cómo hizo papá Juan, ni si lo hizo también con los demás y sino, porque me eligió a mi, pero algo, a cientos de kilómetros no me dejaba y me mantuvo viviendo su lento apagamiento, su agonía silenciosa, hasta el último momento, ardiendo en fiebre, revolcándome sobre mi mismo, con un dolor punzante en el bajo vientre, hasta que algo tronó como yuca y se me empezó a deshacer en las entrañas, tendiéndome entre dos aguas. Me fui durmiendo lento, lento, hasta que no tuve más lágrimas por esa noche. Ya yo sabía, respondí a tu tío cuando me contó, y sentí un alivio porque había descansado. ¡Fueron ciento tres años! Así te presentí, con la claridad y la potencia estruendosa de un rayo y la tersura refrescante del rocío sobre una cayena recién abierta, cuando ya no sabías como seguirte quedando en la pancita de mama, ¡ya no cabías! pero todo era tan cómodo para ti que parecía no querías mudarte y menos para estos lares.Me tenías al borde de la locura.Fue la primera vez que medimos nuestras fuerzas, más bien, nuestras terquedades. Por primera vez en tu vida no te calmaban mis palabras ni las músicas que te he puesto a escuchar desde que supe que existías: ¡Ni siquiera los sonidos del mar que tanto nos gustan!Mamita me apretujaba la mano y te acariciaba debajo de su ombligo, tranquilícense, decía, pero el dolor era muy fuerte, cuando venía, y mamá por un momento se olvidaba de sonreír nerviosamente y me clavaba las uñas en las muñecas o en la espalda, junto al cuello de la camisa, hasta que le administraron algún tipo de calmante que suavizó sus gestos y las embestidas repentinas del dolor y hasta a ti te tranquilizó, gracias a Dios. Me vi rodeado de pronto por batas blancas bulliciosas, diligentes y distantes, casi todas me ignoraban en ese momento, pero una extendió una mano morena y sedante que me apartó de tu lado y me sembró en una salita de esperas, tibia, tenue y no muy grande a decir verdad. Sus ojos dijeron: espere, y obedecí sin rechistar. Luego, como por encanto, se perdió el murmullo de batas empujándolos tras una puerta metálica, dejándome hundido en mis pensamientos: Trataba de orar Samuel –seguro te llamarás así, mami dice que te llamarás así y no he encontrado forma de convencerla de que te llame como yo y tu abuelo, mucho menos como alguno de tus bisabuelos o tus tatarabuelos. Te llamaré Samuel David, como un famoso fotógrafo quillero, el rey y el profeta-, pero no era fácil hacerlo ordenadamente, recurriendo a todos los santos habidos y por haber, sobre todo a la virgen del Carmen, la patrona de nuestro pueblo; digo nuestro porque la mayoría de tus muertos están allí, en Guamal, y uno es de donde tiene sus muertos hijo, además, todos los recuerdos y los miedos hereditarios que te determinarán en tu desarrollo están arraigados allá, así nunca vivas más de dos meses seguidos por esas tierras cálidas, coloradas, polvorientas y abandonadas por el estado y muchos de sus hijos: Esta es la tierra de la pata pelá y de la maríaluisa, de la banda once de enero de Murillo con la que papá Juan amenizaba carnavales, matrimonios y fiestas patronales por toda la comarca y de la que salió el primo Indalecio hacia los Corraleros de Majagual, la del maestro Julio Erazo, uno de los compositores más prolíficos y completos de este país junto a los maestro Barros, Morales y Ochoa, el mismo País de Pocabuy que el doctor Gnecco documento en sus escritos, la de los asaltantes del primer avión secuestrado en este lado del mundo, el HK – 101, por eso nos llaman robaviones… Naciste en el pueblo más grande del mundo, Barranquilla, a mitad de camino entre la señorial y mezquina Cartagena y la aletargada y rural Santa Marta.Tu ciudad es una ciudad generosa, pequeña, bulliciosa, parrandera, desordenada, insoportablemente caliente en ocasiones y terriblemente melancólica: Aún extraña sus tiempos del tranvía y el ferrocarril hasta Puerto Colombia, del primer vuelo para llevar un correo insipiente, de aquellos barcos míticos que ascendían gangosamente hasta la Dorada por entre caimanes, mosquitos, tarullas, zábalos, manatíes, rones, saltimbanquis, prestidigitadores y papayeras. Quilla trata de revivir el recuerdo, sobreviviendo a la peste satánica de la corruptela de sus dirigentes y la desidia de sus pobladores.Es un pueblo indeciso, inmaduro. Caprichoso. Trata de aferrarse lo más firmemente que pueda a sus tradiciones anfibias y, a la vez, sucumbe a modas y extranjerismos banales impuestos por el comercio asfixiante.Es pujante, cierto, pero poco metódica y disciplinada, y con una grave crisis en el concepto de cultura y participación ciudadana: La lápida que se cuelga al cuello sin advertirlo la pobre… ¡Ay, la ciudad de los espejos!
Carta a mi futuro hijo (IV)
En el principio, antes de que fuéramos el milagro, nada existía más acá del mediterráneo: Si algo no se conoce sencillamente no existe, para uno y ¡mucho menos puede amársele! Pero a unos marinos desconchinflados se les dio una enésima vez por saber que había más allá del precipicio, si en verdad estábamos sobre una inmensa mesa de billar o había una tortuga cósmica que nos cargaba en un huevo sobre su durísima espalda o, en fin, después de Gibraltar qué, se decían: ¿Los basiliscos, dragones y grifos?
Uno, el más terco y coherente consigo mismo de todos, murió sin saber que se había tropezado con un mundo desconocido, inédito hasta ese entonces: Doce de octubre de mil cuatrocientos noventa y dos fue el traumático y providencial encuentro de esos dos mundos tan dispares a veces y otras tan comunes.
Fue ese mismo quien le hizo empeñar las prendas a su majestad católica, mucho antes de que a Copérnico se le diera por actualizar el cuento chino de griegos, hindúes y musulmanes de que la tierra era redonda como una naranja y el sol era el centro y lo demás giraba en torno suyo… había confirmado Colón la esfericidad terráquea que ya antes Eratóstenes había medido y dado las bases para confirmar, también, que la tierra, y por lo tanto nosotros, no éramos el centro del universo: A Galileo, luego, casi lo matan por andar dándole la razón a Copérnico y mostrando que el almirante de la Santa María si podía haber llegado a las indias si no nos le atravesamos: Ese, querido niño, fue un golpe duro para la autoestima de la humanidad, tanto, que más de medio milenio después aún no se ha repuesto. Al contrario, ahora que genéticamente no somos muy distintos de un ratón o un insecto, andamos de suicidio global, de tropezón en tropezón, a punto del colapso.
Nos encontraron por accidente, por azar, como a la Penicilina y otras cosas más, cuando trataban de ahorrarse un tiempo y unos impuestos para comprar chucherías por el Asía menor, partiendo del punto de que la tierra era redonda y podíamos llegar al mismo punto en sentido contrario, aúnque los asesores de Colón estaban errados en la suposición de llegar a las indias en sólo cinco semanas, contrariando los antiguos y acertados cálculos de Eratóstenes: Así era y es, en efecto, podemos llegar al mismo punto dando vueltas alrededor de la tierra independientemente del sentido del giro y Colón pudo haber llegado a las Indias dándose la vuelta la contrario de cómo lo hacían siempre, pero Guanahaní dijo ¡presente! y aparecimos en la escena del mundo: Nos les atravesamos de golpe, como un espanto, mejor, como un trozo de madera en mitad de la mar después de un naufragio, de la nada desesperante del Atlántico norte, y nos perdimos para siempre… Miles y miles de años de sabiduría y tradiciones resguardados en Chichén Itzá, Macchu Picchu y San Agustín, por no decir más, fueron vulnerados inmisericordemente detrás de unos malditos espejos por la recua de malandros y mercachifles que mandaron a morirse con Colón en altamar: Aún hoy en día nadie ha dado con el sitio exacto de El Dorado, un embriagante lugar tapizado en oro por el cual murieron cientos, miles y que se creyó más real que nunca cuando Atahualpa entregó su tucán de oro y mando colmar hasta la punta de sus dedos estirados hacia el firmamento una habitación de su palacio señorial: Nos saquearon hasta el cansancio, hoy día sólo cambian los nombres, asesinaron a nuestros aborígenes, traficaron vulgarmente con nuestros hermanos africanos: Los verdaderos Adán y Eva debieron ser como del Congo o Rwanda y con el pelo cucú y la bemba colorá. Nos impusieron un idioma, el más poético de todos, que ya es mucho decir, unas costumbres, una religión, extraños todos e incompatibles en esencia con nuestra inocencia primaria y nos reprimieron violentamente, ¡como a unos burros y unos perros!
Desde entonces somos un sancocho indescifrable de razas y culturas a la que deberíamos llamar afroarabigolatinoamericana o algo así, para ser un poco más justos, sólo un poco más justos, pequeñín, ya verás.
Carta a mi futuro hijo (III)
Naciste en el continente de la esperanza, el adolescente de la civilización occidental, el del ombligo del mundo: La palabra México, en la lengua de los aztecas, significa eso precisamente, además Panamá, con su canal, no es más que el puente o el ombligo, como quieras decirlo. Todo pasa por allí, de un extremo a otro: es el continente de Fidel y el Ché, de Cuervo y Gabito, de Neruda, Miles Davis, Armstrong y Ray Charles, de Bolivar, Franklin, Luther King, Agustín Lara, José Barros, Pelé, Maradona, Babe, Marichal, Martí, Neruda, Darío, el tío Simón, Blades, los Matamoros, Panchos y Viscontis, de Gardel, Cartagena, La Habana, New York, Brasilia, Buenos Aires, Macchu Picchu… Esta, entre miles, millones de cosas más, es América: Volcánica, montañosa, submarina, multicolor, fértil, mineral, carnestoléndica, literaria. Religiosa.
Nos hemos construidos lugares, a veces inverosímiles, donde ampararnos o divertirnos y hasta para torturarnos, pequeño, desde las primitivas casas de palma y caña brava, como las que están en Guamal o en pleno centro de Sincelejo, hasta el edificio Agbar en Barcelona, uno de los pioneros en arquitectura bioclimática o el hotel Bur Al Arab de Dubai, el único de siete estrellas y tan caro como te lo puedas imaginar. Muchos son preciosísimos, lujosos, otros descaradamente enormes, otros sencillos, simples, funcionalmente perfectos, otros espantosos… Ya tendrás noticias del Escorial o del castillo de Windsor, por ejemplo, o de la capilla Sixtina y San Pedro, la Sagrada Familia o San Basilio, Angkor Wat, Petronas Towers, la Mezquita de Granada, el museo de Louvre o el Guggenheim, del Yankee Stadium o el Maracaná, Venecia, San Petersburgo, Viena, el castillo de San Felipe de Barajas, la catedral de sal de Zipaquirá, la Alhambra, la gran muralla China, ¡la única construcción humana visible desde el espacio! la torre Eiffel, el Big Ben, el Taj Mahal… en fin, ya verás.
Estamos en la esquina superior izquierda de la parte sur de América. En el único país del planeta azul con dos mares y tres cordilleras, entre otras cosas más: Osos con anteojos, vallenatos que no nadan pero bailan, escarabajos que montan bicicleta, tiburones que juegan fútbol… nuestra Colombia querida y golpeada, chiquilín, la de las mariposas amarillas y la violencia desmadrada.
Este es el país de los contrastes.
Este es el segundo país en biodiversidad del mundo: tenemos un rinconcito del Amazonas, la selva más grande y despampanante del mundo, pegadito a la inmensa llanura oriental de la orinoquía, abajito de las faldas de la serranía de la macarena y los Andes magníficos de los nevados del Ruiz, el Cumbal y el Azufral: El volcán del Ruiz fue el que se tragó de una sola bocanada a Armero en mil novecientos ochenta y cinco despuecito de que yo naciera y el M-19 se tomara el palacio de justicia. Del otro lado de las cordilleras tenemos la lluviosa y asfixiante región Pacífica: ¡Por ahí sólo deja de llover dos o tres días al año! Más arriba nos encontramos con los ecosistemas anfibios tropicales al lado de la Sierra Nevada y explayados hasta el golfo de Morrosquillo, después de los montes de María, antes de llegar a la árida y fascinante Guajira. Esta región es la nuestra: La tierra del bollo e yuca, de angelito y plátano, de la mazamorra, del mote, de la butifarra, del arroz de liza o de coco y el cabrito, del sancocho de todas las carnes posibles, de la cocada, la polvorosa, el diabolín, la arropilla, de la butifarra, el enyucado, la boronia, el friche, la diosa coronada, la mojana, la llorona loca, el cóndor legendario, las tristezas del alma, el flecha, el pachanga, Abraham al humor, la pequeña suite y la opera del mondongo, del hombre caimán, los indios mansos y farotos, arawaks, koguis, zenúes y wayúus, de la tamaca, el caimito, la curumuta y el mamey, la de María Varilla, Pola Becté, Manaure, Barú, Taganga, Puerto escondio, Hurtado, Isla Salamanca, la Macuira, la hamaca grande, el sombrero vueltiao y el concha e jobo, las abarcas y los viajes medidos por tabacos, no kilómetros… Somos caribes, pequeño, por ascendencia, nacimiento y costumbres: Tenemos más cosas en común con cualquier habitante de la más remota de las incontables islas de este mar inmenso y entrañable que con nuestros paisanos de la zona andina, pacífica o de los llanos y las selvas del sur:
Por esta región, siendo desplazados por los temidos Caribes en su primera invasión, anduvieron los Chimilas, palabra que significa muchedumbre, raza aborigen cuya gran nación se extendía desde la misma Sierra Nevada entre los ríos San Sebastián o Fundación, Ariguaní o Chicagua, hasta la margen derecha del río grande de la Magdalena, la arteria fluvial principal de nuestra tierra. Eran una nación Chibcha, temida por los colonos que subían a contracorriente el río buscando el interior del país, sobre todo los ubicados en el País o comarca de Pocabuy, cuya capital quedaba en Venero, una pintoresca población rural frente a la puntica o Santa Teresita, el pueblecito donde tus abuelos tienen una parcela para criar pollos, peces, flores, verduras, sueños y ser felices de la manera más armónica y sencilla posible frente a la ciénaga de la rinconada en Guamal, por supuesto, la tierra de tus ancestros.
Indios bravos, parranderos empedernidos, chiquitícos y morenos, como nosotros, musicales, fueron los que se inventaron la cumbia, la madre de nuestros bailes típicos en un compás sincopado, telúrico y sensual de dos por dos. La guacharaca, un instrumento idiófono de fricción común hoy día a todos nuestros aires folclóricos se la debemos a ellos, además de varias clases de pitos y flautas de diversas cañas: eran unos magos con las gaitas, como Yeyo y Toño Fernández, los de las mañanitas de diciembre y la malla, místicos y cuenteros, también, como tú y yo.
Eran monoteístas esos abuelos remotos, su dios todopoderoso era Narayajna del cual el cacique era el representante y tenían, también, un alma inmortal a la que llamaban Masirguta conocida al dedillo por los mahallanes o sacerdotes.
Carta a mi futuro hijo (II)
En el principio, antes del milagro, todo era tinieblas… y luego el Señor concentró en la palma de su mano toda la energía, amasándola, revolviéndola, preparándola.
Tardó cientos, miles de años hasta comprimir en un solo punto lo que sería el universo, toda esta bastedad espantosa y armónica, alucinante, y después la liberó de un tajo, con inusitada violencia y amor desproporcionado… esta es otra palabrita interesante. Crucial en todo esto.
Allí también bulleron quarks y protones, átomos y moléculas: Todavía, cientos de miles de millones de años después del inicio del tiempo y del espacio, podemos sentir los estertores de aquella milagrosa iniciación: cuando vemos titilar estrellas azulosas o rojizas en el cielo oscuro y abrasador de las noches sin electricidad, sobre todo, o cuando enciendes la tele y no hay señal y se llena la pantalla de un montón de abrojitos saltarines, blancuzcos y grisáceos: ¡Ese es el ruido del universo! pequeño, estas recibiendo señales provenientes del principio… aunque no lo creas.
¿Cuánto tiempo se habrá tomado el gran hacedor para juntar todas y cada una de las partes de este rompecabezas infinito que es el universo? ¿Cuántos borradores habrá tenido que hacer? No creas que por ser Dios él no hizo pruebas, como cualquier ingeniero o calculista o artesano ¡no señor! él es un tipo responsable y comprometido con su obra, por eso se demoró todo lo que necesito y quiso: Hecho que no aminora en un ápice su condición divina. Los siete días no son más que cuento: Ese es uno de mis cuentos preferidos, pequeño, es bellísimo, además ¿cuantos miles de años en nuestra existencia serán un día para él? Todo toma su tiempo, el justo y necesario.
Imagina la fuerza de ese estampido si aún hoy las partículas se siguen moviendo. No me preguntes cómo carrizos hizo todo para juntarse, calentarse en partes, en otras enfriarse, solidificarse, condensarse, sublimarse… El doctor Sagan dio su mejor esfuerzo, pero las palabras no alcanzan para decirlo.
Vivimos en el planeta azul, un planeta no muy grande la verdad, con un clima más bien templado de manera general, agradabilísimo comparado con el de sus vecinos, aunque puntualmente va desde los fríos más terribles y angustiantes hasta los calores más sofocantes y siniestros que te puedas imaginar, pasando por todos sus matices; con los tres cuartos de su peso en mera agua, como tú y yo; sin ese líquido no podemos sobrevivir, como ya has venido descubriendo, cinco continentes disímiles en lo humano y lo divino, más guerras que países y religiones que hinchas de fútbol. La religión no es más que nuestra manera de acercarnos a Dios, tenlo siempre en cuenta. El problema, pequeño, es a cual dios…
No sé si algún día podrás estar de acuerdo conmigo en que los seres humanos somos la peor plaga que le ha caído a este mundo y no exagero. Ya verás.Aquí existen aves de ensueño y aves que nos alimentan, existen felinos feroces, gigantes y existen felinos tiernos y zalameros, mamíferos colosales y también de bolsillo y algunos hasta nadan o vuelan, hay peces preciosos, otros extraños, no pocos aterran y algunos enternecen. Hay insectos tenaces, metódicos, fortísimos en conjunto: ¡Divide y vencerás muchacho! Venenosos, fieros. Hay batracios minúsculos, saltones y ruidosos, crustáceos exóticos, refulgentes y moluscos mansos y encantadores. Hay plantas ¡gigantescas! sorprendentes, también microscópicas y muchas medicinales. Tienen colores, olores y texturas incontables: Románticas algunas, muchas intimidantes, confidentes, castigadoras. Hay microbios mortíferos, también saludables, colaboradores, necesarios. Imprescindibles muchas veces. Hay de todo.
Este es el mundo del comercio y del amor y las empresas estrafalarias: La fe. Esta es el arma de destrucción masiva más grande que tiene el hombre, y su egoísmo, el peor defecto que puede tener el animal humano. No lo olvides. La mayoría de desgracias que han sucedido a esta especie azarosa han sido causadas por estas dos cosillas peligrosas. El ser humano es capaz de todo pequeño: De sonatas, blues y milongas, de sones, montunos, valses, merengues, sevillanas, cumbias, polkas, boleros y contradanzas, de Autswich… Esta es la peor vergüenza de la humanidad hijito. En otro momento la tocamos. No quiero que llores ahora.
La historia de este mundo es la historia de sus guerras, privadas y publicas, desde el enfrentamiento ofertorio de Caín y Abel, el primer muerto y el primer asesino documentados y universalmente conocidos, hasta la operación Iraquí freedom, donde prostituimos a nuestra propia madre, la antigua Sumeria, echando a perder a la cuna de toda la civilización en nombre de la cual fue asaltado y maltratado ese bello y enigmático país incomprendido: La tierra de la escritura, de las mil y una noches, del número pi y de las raices, del algebra hasta las ecuaciones cúbicas y la primera astronomía, luego superada por los cercanos Babilonios, de el derecho y de las cúpulas y las bóvedas, en fin… Era el paraíso.
No se sabe cuando apareció el ser humano, pero indudablemente fue cuando empezó a articular sonidos: a hablar y a escribirse, luego, como yo te escribo. Ese es nuestro gran triunfo y a la vez ha sido nuestra perdición. Comunicarse no es fácil y mucho menos dialogar; para esto se necesita disposición, humildad, empatía, ternura, que no zalamería y método: Tacto. Hubo un momento en que decidimos ponernos de pie y depilarnos e inventar utensilios y herramientas, emparejarnos, asociarnos, inventar reglas y evolucionar como humanos, raros bichos, no ya como meros animales.
El mejor regalo que nos ha dado Dios se llama libertad, otra palabreja peligrosa, pero fracasamos en administrarlo, aunque no lo aceptemos. Todo esto que te digo no sucedió al tiempo, ni de la noche a la mañana: Tuvimos que bajar de los árboles, adentrarnos en la selva a ras de piso, cazar, cultivar, construir, gobernarnos y aprender a reconocer a Dios y reconocernos su creación, antes de llegar a ser, medianamente, lo que somos hoy día: tecnócratas, globalizantes, comunicantes incomunicados, defensivos, asustadizos, neuróticos, terriblemente fanáticos. Esquizoides.
Ese día, cuando el Señor se te acerque al oído a contarte su secreto más grande, el secreto más grande del mundo, justo antes de que te tomen de los dos pies, juntos, como un lechoncito y te icen sobre la mesa de operaciones, bajo la luz penetrante y blanquísima, intimidadora, dirá, eres el milagro más grande del mundo hijo, y reventaras a llorar, desconcertado, incrédulo, atemorizado, no por las mil cuchilladas de frío que te traspasarán la piel y te licuarán los pulmoncitos, ni por la baba espesa y blanquecina que te resbalará por los cachetes y se te meterá en las narices, dejándote un sabor acre en la boquita desdentada, sino por la autoridad y la ternura amantísima de la voz y la categoría de la afirmación descomunal: No te parecería posible, como ahora tampoco puedes creerlo… Irás descubriendo que nada hay superior en este mundo a la máquina humana y menos, aún, a su portentoso cerebro: ¡Milagro!
Carta a mi futuro hijo (I)
En el principio, antes de que fuera el milagro, ya te presentía. Te formaba en mis pensamientos, en mis deseos, en mis angustias, haciéndote parte de la cotidianidad, a veces convulsa, de mis realidades. Te fui materializando, poco a poco, palmo a palmo, desde las entrañas mismas hasta el último pelo, desde el ronquido más tenue y el balbuceo más tierno, hasta la uña más pequeñitica… ¡hasta la sinfonía impredecible de tus hormonas!
Eras de madera, a veces, otras de caucho, otras de metal, otras de barro… hasta que al fin quise hacerte de yuca, y talvez un poco de maíz y un poco de mango, de naranja, de papaya y borojó, pero no sabía cómo hacerlo. Empecé pensando tus células, las complejas células que formarían tus ojos serenos y tu piel broncínea y tú pelo negro de caribeño nostálgico y mamagallista: Tierno, sincero. Parrandero.
No era fácil.
Aún antes había que empezar a cortar y pegar, a coser y añadir, a medir y apretujar, quarks y electrones y átomos y moléculas hasta conseguir una proteína. Ya sabrás que las proteínas son los ladrillos con los que estamos hechos los vivos y que el carbono fue la arcilla con que los moldearon.
En fin, después había que ir escalonando y espiralando el ADN, más tardecito amasar y amontonar genes, barajar sus codificaciones angustiantes y ¡por fin! las células. Esa es la unidad básica constitutiva de la vida, como la familia de la sociedad, aunque otras partes las conformen a su vez. Los huevos, a propósito son las células más grandes y las únicas que se pueden ver a simple vista.
Luego el esfuerzo se encaminó en lograr que estas muchachas crecieran, se quisieran y se juntaran. Después que aprendieran: Ustedes respiran, con calma, de a poco, ustedes miran, primero a la sombra, luego aumentando luminosidad, ustedes oyen, las de allá sienten, ustedes saborean. ¡Hey! Ustedes, ¡las de allá! Estas reciben luz, estas electricidad, aquellas dolor, las de más allá temperatura, las de por acá leen, ustedes cantan, las de acasito pintan… ya te imaginarás el lío de células que se fue armando, todas bochinchosas e inquietas, como tú, y nos tocó amontonarlas por el parecido y organizarlas por equipos, por una cierta afinidad complicada a veces de explicar y demostrar, como en el fútbol o en el béisbol y hasta en el dominó: Nadie es más importante que nadie, tenlo en cuenta, y si alguno falla, todos salimos perdiendo.
Ya verás que somos una gran comunidad y que en nuestras sociedades no funcionamos como en nuestro cuerpo: Haciendo bien lo que nos corresponde a cada uno y, por eso, casi, fracasamos. Digo nos tocó porque no estaba solo. Dios estaba conmigo, como ahora, y fue él mismo ese que te habló al oído poco antes de que te dieran tu primera nalgada bajo una luz cortante; pero después sabrás mucho más acerca de él. También estaba tu mami, una mujer de acero forjado y hojas de trinitaria, pequeña, tenaz, dulce, metódica, disciplinada. Tajante.
Ella será tu primer amor y la vara con que medirás los posteriores.
En ese entonces empezamos a formar los tuétanos y los cartílagos y luego a sondear las cañerías por donde fluirían tu sangre y tú linfa, a tender y a empalmar los cables eléctricos de tus entrañas, después armamos el motorcito con ritmo de tambor que llevas en el pecho y la máquina devoradora que guardas en el vientre. Complicadas las bolsitas y los tubos de los suspiros y los sorprendentes lentes de los mil colores, pero lo más difícil fue ensamblar y configurar la súper computadora que tienes en la cabezota. ¡Es mágica! sorprendente, incomprensible, sobrecogedora. Fenomenal.
Allí radica nuestra diferencia con los demás animales. Sábelo bien y de una vez por todas: No eres más que un animal que desarrolló su cerebro para refinar sus capacidades motoras al extremo del prodigio y defenderse de los demás.
El resto es añadidura.
Soy tu papá, como ya habrás podido aprenderlo y espero que aún no a lamentarlo. No te quiero hablar mucho de mí, pero será inevitable pequeñín para poder entendernos, aunque no siempre será fácil, te advierto.
Vivimos en un mundo que está hecho de los mismos materiales que nosotros, al igual que las estrellas. Si algo existe hace parte de ti y tú de él, pues todos partimos del mismo y polémico primer momento, que bien pudo ser una explosión o una palabra, da igual: El hecho es quién lo dijo o quien lo causó. Bien pudo ser un estornudo o un chasquido de dedos. En fin, el culpable fue Dios, de nuevo Dios ¿ves?, y ¡Bendito sea por ese milagro! Aquí estamos tú y yo, pequeñín.
Este mundo comenzó hace añales y todavía sigue desarrollándose. Debo corregir, este universo, después vinieron la vía láctea, nuestra galaxia, y luego nuestro sistema solar: Finalmente apareció la Tierra: Una gotita de agua en el océano del universo y el planeta donde nos tocó vivir. Es muy posible que haya vida en otros y nos correspondiera este, por eso digo nos tocó.Ya veremos si crees, como yo, que sino todo esto es un desperdicio maravilloso y exuberante de espacios y posibilidades.Vivimos en un mundo complicado, hermoso, caótico, apasionante, indomable, conmovedor, atemorizante. Perfecto.
El mejor invento de Dios son las mujeres, sábelo bien, y el mejor de los hombres es la música. Sin música no hay vida, pequeñín. Debieron haber pasado varias decenas de millones de años antes de que nosotros, tú y yo y tu abuelo Pitecántropo aprendiéramos a cantar mejor que los pájaros y a morirnos de amor en una serenata…