Se fué Luisa Margarita…
Tu partida no la explico,
casi sin quererlo lloro,
la tristeza es infinita.
Mi vida será distinta:
Siempre estarás presente,
aúnque estés entre los ausentes!
Acaricio tu recuerdo,
tierno, firme y orgulloso,
pero tu ausencia me estremece…
Para un ángel
Tres palabras
Una mañana cualquiera de estas, un lunes caluroso y polvoriento, puedo deslizarme hasta tu ventana y escurrirme entre sus barrotes mientras te exprimes el pelo y te lo estrujas, antes de anudártelo cerca al cuello. Puedo ayudarte a masajearlo frente al espejo grande de la sala de tu casa y luego abrocharte los zapatos y alisarte la falda, mientras tomas el desayuno antes de partir al colegio. Puedo… seguirte con la mirada mientras te pierdes a la distancia, doblando a la esquina, antesito del pozo público y luego sentarme a esperar a que vuelvas, cansada de escuchar tantas cosas que a lo poco se te olvidarán, pero que, definitivamente, cambiarán tu vida sin que te des cuenta.Un medio día cualquiera de estos, un martes lento y asfixiante, puedo acodarme en la batea junto al guayabo donde te pintas el pelo y esperar a que saltes como niña sacándote el vestido de colegiala por encima de la cabeza antes de desgranarte en sonrisas y pensar si yo te pienso. Luego, puedo, acomodado a tu lado, en una butaca pequeña, empezar a masajearte desde el cuello hasta el final de la espalda, lento, muy lento y firme, preparándote para un almuerzo nutritivo, cálido, aromado y amoroso.Una tarde de estas, una cualquiera, de un miércoles pavoso, colorado e incierto, puedo detenerme a tu lado, mientras te balanceas y te balanceas en tu hamaca de un solo cuerpo, escuchando como tu respiración va acompasando la mía, como en un hechizo, y parece que el mundo girará al ritmo que late tu corazón somnoliento y dicharachero, hasta que te me vallas perdiendo en el sueño, para despertar de súbito en un bostezo laaarrgoooo y un crujir de huesos juveniles, bellos y apenados.Un día de estos, un jueves cualquiera, de esos que queremos ver pasar con urgencia frente a nuestros ojos y de los cuales no sabemos más que como se llaman, puedo sentarme a escribirte unos versos y contarte como es que me tienen tus ojos y por qué es que tu boca me es más apetitosa que la naranja más jugosa que traigan de El Botón o El Trapiche… en fin, como me gustas!Puedo robarte un beso o fingir que te lo robo, cuando en realidad esperabas que me inclinara y sorteara la inmensa distancia de un brazo y mi abrazo supere la intención de abrazarte y te envuelva en la mirada hipnotizada que me dejan tus formas coquetas, sencillas y juveniles.Un día, otro día de estos, un viernes cualquiera, de esos que no bien han empezado cuando ya se empiezan a ir y el tiempo no nos alcanza para poner en orden todo, para el aún más corto fin de semana, puedo clavar en tus ojos la bandera de los míos y susurrarte al oído que es tu nombre un rumor de alas perfumado, Rosa, y que me miran en la luna tus ojos, como dos antorchas y dos besos justo en un descuido de tu madre, mientras jugamos a preparar un café y un guiso de no sé que verduras, adobado con sonrisas y chistes subidos de tono que tus hermanos celebran, con ruido, a su antojo.Un día, un bello sábado de estos, cando estés de nuevo tendida en el suelo, semi desnuda y recién levantada, apenada por una visita imprevista, puedo acariciar la vellosidad que cubre tu vientre y sentir como cambia tu respiración si me acerco un poco más o puedo, por ejemplo, mostrarte como la Nevada se levanta por detrás de la isla que está frente a la puerta de mi casa, en Santa Teresita, y cosechar algunas flores silvestres para que te acompañen mientras yo te beso y puedo, también, ayudarte a subir hasta lo más profundo de mis ansias antes de que empecemos a pensar donde carrizos bailotearemos esa noche que aún se ve lejana y que está casi a medio día de distancia. Puedo abrirte mi corazón y decirte aquí estoy yo como ahora que te escribo, pero estoy lejos y, como sé que también me extrañas…Uno de estos días, un domingo cualquiera de estos, de esos que se toman todo el tiempo para desperezarse y levantarse a tomarse un café retinto con bollo limpio y queso o talvez jugo de naranja y machucho con yuca, puedo trepar la pared que circunda tu patio y tocar a tu puerta, sigilosamente, para invitarte a ver levantarse el sol por encima de las copas de los eucaliptos que separan nuestros colegios y como sus rayos disipan la neblina veranera que cubre al pueblo que un buen día nos vio caer enredados en las telarañas del amor, hasta reventar en el río sinuoso y de aguas oscuras que arrastra entre sus costillas las podredumbres e ilusiones de media patria descuidada, ingrata y esquiva. Te llamaría por tu nombre completo mientras espero que la brisa que viene de las ciénagas, del otro lado del río, te alborote el pelo y te erice la piel, par que me abraces sin querer dejarme ir y tu aliento me caliente el escapulario, perfumándome el pecho: Lo recorres como si buscaras algo de bajo de mis huesos: Una inscripción talvez, restos de un antiguo amor, como si le pusieras llave y tradujeras sus resonancias más intimas, para luego codificarlas en tu pecho de niña traviesa. Suspiras… puedo un domingo de estos andar de manos contigo y recorrer cada una de las calles coloradas y huecudas por donde vine a buscarte sin la más mínima idea de que existieras y a donde me anudaste a tu pelo corto y a tus ojos alegres y tu sonrisa refulgente, para ya no dejarme ir, porque algo de ti traje y algo de mi deje con la partida que no quisimos, pero que tampoco evitamos… Dios sabe cómo hace sus cosas, mujer. Eres como de harina y de agua y de especias, doradita, como la harina tostada al horno y fresca, como el agua que te baña y te recorre como debían recorrerte mis manos y de especias exquisitas: Comino, sal y canela. Un poco de achiote y talvez tomillo, limón y pimienta, con un tris de nuez moscada.Uno de estos días, el día más tierno, sencillo y vulnerable de todos, un domingo cualquiera, cuando ya quiera ir a acostarse, puedo llegar entonces a arrullarte y velar el apacible sueño de las horas que han venido para enseñarnos a querernos y dejarte, al fin, que descanses para que el próximo lunes, uno de estos cualquiera, puedas de nuevo levantarte y estirarte y desperezarte y sentarte a desenredarte el pelo y a embolarte los zapatitos y a sacudirte las medias y rascarte la cabeza por la tarea olvidada y el examen no estudiado, rumiando en silencio la cantaleta de tu madre por haber perdido el tiempo callejeando conmigo, pero contenta y deseosa de que vuelva temprano a abrocharte los zapatos y a alisarte la falda, mientras te desayunas, corriendo, antes de partir al colegio, para volver a ser la misma que me seduce, me encanta, me enternece y me ha hecho inventar esta historia para encontrar otra forma de decirle estas tres palabras: Como me gustas…
SIN TITULO
Visitaré la casa vieja, desolada.
Tropezaré con telarañas, musgos y fantasmas.
¿Dónde estarás en ese instante oh enamorada?
Tus ojos miel.
Tu pelo lacio.
Tu cuerpo de negra.
Visitaré de nuevo la casa
y preguntaré a mi hermano no visto por ti
(Me mirará con desdén, talvez compasión, sin mediar palabra)
No estás, nunca has estado
en el pasillo de las mecedoras insomnes
ni en el jardín embriagador junto al aljibe.
Y si suenan tus pasos tras de mí
y me estremece tu olor más íntimo
o me llama tu figura sensual.
Si se enciende tu mirada tras el dintel de la nostalgia
si me siembras tu voz, como un árbol fragante, en el pecho.
Si lloro y te disuelves en la penumbra de mi voz temblorosa.
Preguntaré entonces a mi hermano
- aquél que no conocí y también amo -
si acaso ya fallecí o enloquecí o lo estoy haciendo.
Visitaré, de nuevo, la casa vieja:
habitaciones, helechos, taburetes,
recuerdos, en Guamal, Magdalena.
Pero sé que no estarás ahí…
HUESPED DE TI
Algún día
- uno de estos días -
me sacudiré el polvo de otras ciudades
plantaré en tu mirada la bandera raída de mis sueños
estiraré mis huesos
y te rodearé con mis ojos
escupiré un par de maldiciones por el tiempo perdido
sonreiré
y abriré las maletas de mi alma
cargadas de ti de mí junto a ti.
Huésped de ti
beberé de ti nuevamente
hasta que se borre mi nombre de tu vocabulario.
Carta a mi futuro hijo (IX)
A mi hermano – talvez se llamaba Gabriel o José, quizá Joaquín -, que no conocí, le traje un carrito de cuerdas color vino tinto, ruedas anchas y ásperas, como para rally, lámparas enormes en la delantera y unas ventanas oscuras y endebles poco antes de la guerra del golfo. Pasé los días largos y aburridos de la guerra en cama, sancochándome en una fiebre caprichosa y altanera, oportuna para presenciar en directo, por CNN, los juegos pirotécnicos y la polvareda de la operación tormenta del desierto, con la cual se hizo retroceder al ejercito iraquí de tierras kuwaitíes, sin entender mucho lo que pasaba y recordando los planes de juegos y niñerías con el hermano perdido en los laberintos del vientre materno y de la realidad difícil donde lo esperaba. Después de él vino Ángela, la inesperada chicuela convertida luego en la luz de nuestros ojos y tu niñera favorita: Terminó de aprender sus secretos de futura madre, alisándose el pelo largo y hermoso, mientras te cambiaba pañales como antes a sus muñecas de trapo y enseñaba los primeros acordes en su vieja pianola a tu primo Luis Alejandro. Varias veces que te le hiciste encima y ahora que ya te sientes hombrecito e independiente ni te acordarás. Cuando me revolcaba en la cama angosta y rígida de las fiebres de la guerra imaginaba a mi hermanito a mi lado, tirándome encima el carrito escogido con todo el cariño inocente y la emoción desbordada de los primeros siete años, pero enseguida se me dispersaban con la ventisca de la noticia las nubes tibias y refulgentes de los sueños: Aún recuerdo la mirada sin fondo de la abuela Niche, mi vieja, sentada en una esquina de la cama de sus amores y angustias, la mismas donde reza el rosario diariamente, despetalándose los rizos del pelo, enhebrando una apretada trenza negra que destejía y volvía a tejer, cuando nos dio la noticia de su perdida y sentí que se me arrancaba algo en el fondo, donde dicen que queda el alma, y se me amontonaba en la garganta y los ojos: Sus palabras me cayeron como un escupitajo en el rostro. Lloré. No sé si con rabia o con angustia, no sé ni porqué, pero clavé el rostro en el colchón de los saltos clandestinos que nos acompañaba desde caracas y bañé el carrito de cuerdas antes de apretarlo contra mi pecho acezante, enroscado como un caracol en el regazo impotente de mi madre. No recuerdo que dijo papá ni que líneas se dibujaron en su rostro: Una mirada lo dice todo y al mismo tiempo o dice nada. Tu abuelo Pili es un hombre difícil, a veces, e imagino que debía tratar de guardar compostura para dar fuerza a su mujer y sus hijos. Menuda tarea. Ahora lo vuelvo a ver de espaldas a mi madre, mirando a ninguna parte, traspasando la pared del cuarto mientras cargaba a tu tío David Alejandro, de unos cuatro años entonces.Amé a mi hermanito en el brillo de los ojos de mamá, en las ropas diminutas y suaves que le bordaba con esmero y ansiedad, en las canciones de cuna que balbuceaba mientras cocinaba o tendía la ropa, en las pataditas que buscaba en el vientre de mami, creía que sería igual de inquieto que David, y en la risa que me causaba verla mover el abdomen como bailarina de Arabia. Lo amé en el empeño y la laboriosidad de papá, en los pasatiempos y en los dulces traídos en sus numerosos viajes, siempre guardaba unos para el hermanito que se avecinaba, en las disputas secretas con tu tío a ver quien lo cargaba primero. Lo imaginé cabalgando en las piernas y reír a carcajadas cuando papá lo rozara con su barba filuda y su aliento de campesino estudiado: El abuelo Pili en verdad puede ser citadino o pueblerino, a él le da igual. Nacido en el pueblito más viejo y largo de la costa: El de las siete iglesias y los marqueses, criado entre un desorden de burros, arrieros, vacas, chivos y bultos de maíz, fríjol y ajonjolí, con disciplina marcial y escasez de las aventuras propias de la infancia, educado en un colegio aristocrático de la engreída Cartagena y vuelto por decisión propia, con ternura y pericia, a labrar y consentir la tierra por donde el sol se le mete hasta el alma y la brisa refrescante le desordena el pelo de indio desconfiado cada amanecer luminoso y aromado frente a la ciénaga de sus sueños. La mayoría de los condiscípulos de tu abuelo paterno han tenido altos cargos en la política regional y muchos han sufrido con mayor crueldad que nosotros los estragos ominosos de la violencia: Han sido desplazados, secuestrados, asesinados algunos, despojados de sus bienes materiales y, aunque les sobre brillantez y energía a varios les ha faltado la resolución y la fortuna para poder reempezar en estas u otras tierras.Uno estudia para ver el mundo de otra forma, tener otra perspectiva, dijo un día tu abuelito, descuartizando uno de los miles de pollos que ha criado y vendido en su vida y pienso que es cierto: Que no debe hacerlo uno para más nada, aúnque muchos lo hacen buscando dinero o status. Si uno no lo hace por placer, como deben hacerse todas las cosas en la vida, se jode. Por el mero gusto de saber como funcionan las cosas y para que sirven o para que no, cambiar de peros, paras y porqués y ver un poco más allá, también más acá, de lo que pudieron los gigantes que nos heredaron este mundo. A mi hermano lo imaginé alto un día de estos, fornido, valiente y locuaz desde sus primeros años. Soñé con enseñarle secretos de la biblioteca familiar, tan grande que a veces me asustaba, hasta diluirse en una veintena de volúmenes de la enciclopedia Barsa y la Cumbre, varios manuales de medicina interna y general, dos vademécums tan viejos como el polvo y unas revistas de armas y aviones de mi tío Pom. Pensé mostrarle los mismos dibujos multicolores donde conocí cíclopes, argonautas, medusas, faraones, zares, emperadores, pirámides, torres, puentes, guepardos, ligres, estrechos, asesinos seriales, flores, detectives infalibles, gusanos, intestinos, prismas y octaedros.A veces lo recuerdo con tristeza y no entiendo como pude y puedo amarlo sin llegar siquiera a sentirlo bajo las batas de mamá: Hubiera rabiado con sus travesuras o sonreído y corrido a protegerlo o esconderle cuando no quisiera que le pasara algo malo, habríamos saltado de ramas de nísperos, naranjos, marañones o guayabos y nos hubiéramos revolcado como unos lechones en un lodazal de sonrisas abriéndoles pequeños canales a los árboles del patio, imaginándolos trincheras de una batalla sin tiros y donde los caídos de pronto saltan de nuevo planeando una emboscada de azahares y terroncitos y luego un ancho río difícil de embalsar a pesar de la pericia de los bogas y el calado de las embarcaciones, a medida que papá los fuera llenando. Le hubiera confiado mis secretos de hermano mayor, sé que me habría alcahueteado cuando, dando una vuelta por ahí, me distrajera hablando atontado con la niña que entonces me gustara y le cambiaría su silencio por otra vuelta en moto o cicla y un raspao enorme o una coca cola y una empanada donde Juaco.Era una parte de mí y sé que él también me amó a pesar de que no pudimos disfrutarnos como quisimos, me lo ha dicho cuando ha venido a sentarse al borde de mi cama, junto a mis pies, velando mi sueño y sé que va a estar contigo cuando yo no pueda permanecer a tu lado. Lo reconocerás sin sobresaltos, es tu sangre y esa jamás engaña pequeño.Seguro su alma era tan perfecta que sólo necesitó medio materializarse para completar esta parte del ciclo y volver donde el gran hacedor, a gozar del privilegio de su contemplación. Ahora se está sonriendo mientras te escribo estas cosas.
Carta a mi futuro hijo (VIII)
En el principio, antes de que fuera el milagro, tu mami y yo concentramos toda la energía en nuestros labios y cada uno de nuestros poros, compactándola en un profundo beso apasionado: Nos conocíamos de antes, desde ¡yo no sé cuandos¡ Dios sabe como hace sus cosas, mijito. ¡Cuantos caminos andados para llegar hasta aquí¡ Cuantas heridas, cuantos tropiezos, cuantas sonrisas, y a veces lágrimas, cuantos bonitos recuerdos… Yo era delgado, flacucho, tímido, hacendoso y preguntón. Ella era entonces una sonrisa bajo un pelo abundante, negro y ensortijado, shorts y blusa clara. Una mirada que espera algo que viene, algo que va, algo que se fue, algo que pasó hasta luego regresar a guiñarle un ojo. Luego la seriedad y el respeto: Hay distancias a veces insalvables, como la que te impone una mujer cuando te ve y te siente como un niño. Sé siempre tu mismo, si no eres no trates de demostrarlo: Las cosas caen por su propio peso pequeñín. Después fue el brillo en los ojos, el recuerdo grato, la sorpresa y, al fin, media vida después, la mano tímida, la sonrisa coqueta, la mirada escrutante y la rama donde sostenerme en mitad de la nada. Nos necesitábamos aunque no supiéramos bien de que forma, teníamos que aprender y teníamos que amarnos para poder sobrevivir a la mera pasión, al ajetreo de los días repetidos y a la monotonía maquiavélica que en ocasiones, muchas en verdad, terminan jodiendo relaciones bellas y promisorias. ¡No imaginas cuantas chucherías se han inventado en este mundo por y para las mujeres! La mayor parte del comercio y del mundo en sí gira en torno a ellas pequeño, es más, los hombres no hemos desbaratado al mundo o lo hemos mandado a volar vuelto chicuca es por ellas, pero no lo aceptamos, como tampoco aceptamos que no podemos vivir sin ellas, aunque no sabríamos que hacer si nos llegaran a faltar: Ese si sería el final, ya verás. Nacerás de un vientre dilatado, pubico, de unas piernas sudorosas, inexpertas, espantadas. De unas piernas laboriosas, pasionales, excitadas al tacto de unas manos ansiosas. Nacerás del contacto vertiginoso de las pieles, de los cuerpos, de unos pezones sonrosados, desgranados en suspiros y la lubricidad de los labios; los labios trenzados en un beso suave, dulce, luego potente, opresivo, vital. Nacerás de la pasión candente, del latir de dos cuerpos, del fondo de ti mismo, de mí, de mí y de las entrañas de tu madre: Nacerás sin quererlo, sin consulta ni aprobación… y tu sangre fluirá al ritmo del fluir de la de tu madre, y tus pasos se sentirán en sus tripas y brotarás en un suspiro largo y un grito, como la flor indefensa, como un rayo de sol y la mariposa. Nacerás con fuerza propia, como un animal, con nombre propio, sin bien ni mal y poca personalidad: Tus ojos se fijarán en los míos y aprenderás la primera mentira, tu manita empuñará mí índice y quedaré atrapado a tu servicio; pronunciarás algo y seré – como muchos – el hombre más feliz. Nacerás sin ideas de comunismo, sin Cristo ni Fidel, ni narcos, guerrillos ni paramilitares: Todo el veneno vendrá después: La Coca – cola, el internet, los autos, el fútbol, el colegio, el trago, las drogas, la pareja y el trabajo. Cuidado con la mentira que nos dan los alucinógenos, no es la mejor manera de evadirnos y cuanto más deslumbrante es la realidad que nos inventan más espinosa es su resaca y más árida la impresión de la realidad que pretendemos evadir. Nacerás vuelto un extraño, un exiliado, en un mundo frío, frío, en pleno verano caribeño, sin entender, sin comprender – y mejor ni preguntes -, todos nos morimos sin las respuestas correctas y muchas más preguntas que al principio.