En el principio, antes de que fuera el milagro, tu mami y yo concentramos toda la energía en nuestros labios y cada uno de nuestros poros, compactándola en un profundo beso apasionado: Nos conocíamos de antes, desde ¡yo no sé cuandos¡ Dios sabe como hace sus cosas, mijito. ¡Cuantos caminos andados para llegar hasta aquí¡ Cuantas heridas, cuantos tropiezos, cuantas sonrisas, y a veces lágrimas, cuantos bonitos recuerdos… Yo era delgado, flacucho, tímido, hacendoso y preguntón. Ella era entonces una sonrisa bajo un pelo abundante, negro y ensortijado, shorts y blusa clara. Una mirada que espera algo que viene, algo que va, algo que se fue, algo que pasó hasta luego regresar a guiñarle un ojo. Luego la seriedad y el respeto: Hay distancias a veces insalvables, como la que te impone una mujer cuando te ve y te siente como un niño. Sé siempre tu mismo, si no eres no trates de demostrarlo: Las cosas caen por su propio peso pequeñín. Después fue el brillo en los ojos, el recuerdo grato, la sorpresa y, al fin, media vida después, la mano tímida, la sonrisa coqueta, la mirada escrutante y la rama donde sostenerme en mitad de la nada. Nos necesitábamos aunque no supiéramos bien de que forma, teníamos que aprender y teníamos que amarnos para poder sobrevivir a la mera pasión, al ajetreo de los días repetidos y a la monotonía maquiavélica que en ocasiones, muchas en verdad, terminan jodiendo relaciones bellas y promisorias. ¡No imaginas cuantas chucherías se han inventado en este mundo por y para las mujeres! La mayor parte del comercio y del mundo en sí gira en torno a ellas pequeño, es más, los hombres no hemos desbaratado al mundo o lo hemos mandado a volar vuelto chicuca es por ellas, pero no lo aceptamos, como tampoco aceptamos que no podemos vivir sin ellas, aunque no sabríamos que hacer si nos llegaran a faltar: Ese si sería el final, ya verás. Nacerás de un vientre dilatado, pubico, de unas piernas sudorosas, inexpertas, espantadas. De unas piernas laboriosas, pasionales, excitadas al tacto de unas manos ansiosas. Nacerás del contacto vertiginoso de las pieles, de los cuerpos, de unos pezones sonrosados, desgranados en suspiros y la lubricidad de los labios; los labios trenzados en un beso suave, dulce, luego potente, opresivo, vital. Nacerás de la pasión candente, del latir de dos cuerpos, del fondo de ti mismo, de mí, de mí y de las entrañas de tu madre: Nacerás sin quererlo, sin consulta ni aprobación… y tu sangre fluirá al ritmo del fluir de la de tu madre, y tus pasos se sentirán en sus tripas y brotarás en un suspiro largo y un grito, como la flor indefensa, como un rayo de sol y la mariposa. Nacerás con fuerza propia, como un animal, con nombre propio, sin bien ni mal y poca personalidad: Tus ojos se fijarán en los míos y aprenderás la primera mentira, tu manita empuñará mí índice y quedaré atrapado a tu servicio; pronunciarás algo y seré – como muchos – el hombre más feliz. Nacerás sin ideas de comunismo, sin Cristo ni Fidel, ni narcos, guerrillos ni paramilitares: Todo el veneno vendrá después: La Coca – cola, el internet, los autos, el fútbol, el colegio, el trago, las drogas, la pareja y el trabajo. Cuidado con la mentira que nos dan los alucinógenos, no es la mejor manera de evadirnos y cuanto más deslumbrante es la realidad que nos inventan más espinosa es su resaca y más árida la impresión de la realidad que pretendemos evadir. Nacerás vuelto un extraño, un exiliado, en un mundo frío, frío, en pleno verano caribeño, sin entender, sin comprender – y mejor ni preguntes -, todos nos morimos sin las respuestas correctas y muchas más preguntas que al principio.
Carta a mi futuro hijo (VIII)
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